mpg@mpadelgym.com

Mioño es una localidad del municipio de Castro Urdiales (Cantabria, España). En el año 2015 contaba con una población de 677 habitantes (INE). La localidad se encuentra a 40 metros de altitud sobre el nivel del mar, y a 5 kilómetros de la capital municipal, Castro Urdiales.1​ Destaca del lugar el Cargadero de Mioño, declarado Bien de Interés Cultural. Este pueblo tiene una playa, la de Dícido. (Wikipedia)

La pequeña pedanía de Mioño mantiene en un rincón de su minúsculo y pedregoso arenal el último cantilever continental y uno de los siete que llegaron a levantarse en Castro Urdiales. Eran unos ingenios que se asomaban al mar para eludir el trasiego portuario y agilizar la distribución del mineral en una arriesgada operación que los entregaba a la fiereza del litoral cantábrico. Más de un siglo después, sin embargo, el cargadero de Dícido ha revelado su enigmática entente con el mar, y solo la Guerra Civil y la actual falta de fondos han socavado su armazón.


Mantuvo su actividad hasta los últimos coletazos de la minería en los 70, pero antes transcurrieron seis décadas hasta que se asentó como método de carga. Entretanto, se pasó del uso de barcas que se aproximaban a las naves fondeadas frente a la costa de Mioño a un efímero ferrocarril de cadena flotante y el breve muelle devorado por el oleaje. La primera versión se alzó a finales del siglo XIX y su demolición en plena guerra dio paso a un cargadero muy similar, ya más estilizado.


La visita a un lugar que recupera el espíritu de la extinta minería no solo se fundamenta en la espectacularidad de esta pieza de ingeniería. La regeneración en 2010 del conjunto arquitectónico, que obvió el cargadero, permite recorrer largos túneles sobre los trazos de las vías que trasladaban el mineral u observar el depósito en el que se guardaba. En el paseo que enlaza la playa y el cantilever también resisten un edificio empleado como fragua y taller y ruinas del muelle en el que se embarcaba el hierro cuando el cargadero aún era una ilusión.

La vía verde

Castro presume de cinco vías verdes, todas en la parte más próxima a Bizkaia, en las que surge el trayecto de antiguos ferrocarriles y ruinas de edificaciones. La visita al cantilever puede complementarse con la ruta de Dícido, aunque sólo la mitad del camino está habilitada para el senderismo. Al margen del trecho hasta el cargadero, desde el centro de Mioño parte otro camino que avanza por una zona acantilada jalonada de yacimientos. Concluye en la plataforma de la punta de Saltacaballo, que sustentó un cantilever y únicamente recomendada a los más experimentados.

El tercer sector de esta vía sale de una senda que se ramifica en la carretera Nacional subiendo desde Mioño hacia Saltacaballo. Está indicado con un cartel que refleja la elocuente palabra ‘Mina’. Una vez allí, se asciende observando resquicios de planos inclinados por los que bajaba el mineral, la corta del Pocillo, de la que se extraía el hierro y con unos 40 metros de profundidad, o el antiguo poblado de trabajadores de Campo Ezquerra.

El itinerario tampoco está totalmente acondicionado, previéndose mejorar su señalización en el futuro para que los senderistas puedan orientarse sin problemas. Prosigue hacia las cercanías de las minas de Setares, con el rico patrimonio industrial que relatan las huellas de talleres, y parte del recorrido que también aquí cubrió el ferrocarril. (diariovasco.com)